Utopía o distopía: la ciudad inteligente de Google

Google planea construir su “ciudad del futuro” estimulada por la tecnología. Uno de los principales objetivos del proyecto es abordar los omnipresentes problemas urbanos, como la congestión vial, los servicios ineficientes y las viviendas inasequibles.

Por Redacción INversión INmobiliaria
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Los planes para construir una utopía estimulada por la tecnología en Toronto están ganando impulso, incluso conforme aumentan los temores sobre la privacidad.

La antigua planta de procesamiento de pescado es tan anodina que, al principio, mi taxista la pasó a toda velocidad. Se encoge de hombros cuando nos detenemos en un estacionamiento vacío al otro lado de la calle. Junto a un lúgubre tramo de 12 acres de terreno litoral olvidado en las afueras de Toronto se encuentra un edificio azul cuadrado, casi invisible entre las fábricas y la autopista.

Ahora el terreno está descuidado, pero todo cambiará si Google se sale con la suya. Éste es el sitio donde la compañía de tecnología quiere construir una ciudad del futuro.

Uno de los principales objetivos del proyecto es abordar los omnipresentes problemas urbanos, como la congestión vial, los servicios ineficientes y las viviendas inasequibles. En febrero se lanzaron planes ilustrativos con edificios futuristas construidos con paneles de madera. La idea era que las estructuras, algunas del estudio de Thomas Heatherwick y de Snøhetta, una oficina de proyectos arquitectónicos con sede en Noruega, se destacarían en la costa del lago Ontario.

El edificio azul de Google alberga la operación de planificación y el centro de exposiciones, que se ha ensamblado de cara a una decisión — que se espera se tome en unos meses — de las autoridades de la ciudad. En el interior, parece más un museo de ciencias que una sede de Google. Se encuentran en exhibición un modelo de una "calle dinámica" formada por bloques de madera hexagonales y un prototipo de una "gabardina": toldos de plástico transparentes y abovedados que se adjuntarían a los edificios y cubrirían las áreas al frente.

Se afirma que la tecnología climática de la gabardina haría que los residentes sintieran calidez en invierno y fresco en verano durante al menos 50 días al año. Dado que la temperatura promedio en Toronto cae a -7°C en invierno y llega a los 27°C en julio, la vida podría ser más cómoda.

En febrero, Sidewalk Labs — un desarrollador y filial de Google — presentó prototipos de tecnología ante la prensa. Esos bloques hexagonales podrían calentarse para derretir el hielo y la nieve sin necesidad de utilizar sal, lo que significa que los residentes nunca más se resbalarían ni se caerían sobre el pavimento helado. Las luces LED incorporadas en el interior podrían cambiar de color para indicar el propósito de la calle en un día determinado: por ejemplo, podría cambiar de una calle abierta a la circulación de coches a un espacio exclusivamente peatonal, o podría añadir una ciclovía.

Una exhibición interactiva les permite a los visitantes cambiar la ciudad, agregar árboles o áreas verdes, reducir y estirar los bloques de la torre. Cuando arman una versión de la ciudad que les gusta, presionan una carita sonriente.

Pero lo que ha provocado más temor es que, en esta ciudad del futuro junto a los muelles, se registrarán todos los movimientos de los residentes. Inevitablemente, han surgido preocupaciones sobre la privacidad y la vigilancia encubierta.

Las pequeñas cámaras ocultas tomarían imágenes de baja resolución de personas y coches conforme pasan por las calles. Sidewalk dice que sus sistemas difuminarían la información identificable, etiquetarían las imágenes como "peatón" o "vehículo", y luego las introducirían en un "fideicomiso público de datos". Los datos se utilizarían para planificar servicios en tiempo real, en lo que se denomina "retroalimentación de los residentes".

En un documento de propuesta en una etapa temprana, Sidewalk dijo: "Las ciudades sólo superarán sus desafíos de crecimiento si apoyan la innovación. Para ello se requiere un diseño que favorezca una flexibilidad radical, que permita refinar las mejores ideas en tiempo real y crear un ciclo de mejora continua".

Waterfront Toronto, la agencia gubernamental propietaria del terreno, es la encargada de revivir el litoral. Comenzó los planes para una ciudad inteligente en 2017 con un proceso de licitación para desarrolladores. Sidewalk ganó la licitación, con su propuesta de desarrollar 12 acres en un inicio, un proyecto que se espera cueste más de US$1 mil millones.

Sidewalk ha asignado US$50 millones para la "primera fase": consultas, proyectos de divulgación pública y el espacio azul de exhibición. La compañía tecnológica aún no ha revelado totalmente sus planes, aunque espera que la primera fase albergue a 5,000 personas. Sin embargo, los planes más recientes muestran que Google tiene ambiciones mucho mayores para una segunda y tercera fase: desarrollar 350 acres de terrenos frente al mar, que albergarían a 75,000 residentes.

Actualmente, un extenso "mural de comentarios" en el centro de exposiciones les ofrece a los visitantes la oportunidad de dar las respuestas a preguntas escritas previamente, como: "No me emociona ____". Las respuestas incluyen: "El ESTADO DE VIGILANCIA" y "Hacer de Toronto una gran ciudad nuevamente".

Desde octubre de 2017, cuando Justin Trudeau, el primer ministro canadiense, anunció que Sidewalk vendría a la ciudad, los canadienses y las partes interesadas han especulado sobre si los planes representarían una utopía o una distopía.

"Sabemos que el mundo está cambiando. La opción que tenemos es resistir y estar atemorizados, o aceptar el reto y transformarlo", proclamó Trudeau en una ostentosa conferencia de prensa, junto a ejecutivos de Google, entre ellos Eric Schmidt. Toronto serviría como modelo para otras ciudades, no sólo en Canadá, sino en todo el mundo. Sidewalk presentó su plan como "el primer vecindario del mundo construido con el Internet como su base".

En muchos sentidos, las ambiciones de Google no son nada nuevo. Los grandes intentos de "ciudades inteligentes" en América del Norte se remontan a la década de 1960, cuando Walt Disney soñó con el Prototipo Experimental de Comunidad del Futuro — Epcot, por sus siglas en inglés — una ciudad del futuro en Florida sustentada por la tecnología. Disney murió antes de que su visión pudiera lograrse a la escala que había imaginado.

Actualmente, una nueva generación de visionarios de la tecnología ha asumido el mismo desafío, intentando reinventar los espacios en los que vivimos. Apple, Amazon y Google han comprado parcelas de terreno en EEUU. En 2017, una compañía de inversiones dirigida por Bill Gates invirtió US$80 millones en un terreno en el desierto de Arizona para construir una "ciudad inteligente", llamada provisionalmente Belmont.

Pero el proyecto Waterfront Toronto representa el más grande y ambicioso caso de estudio de ciudades inteligentes de América del Norte: hasta 350 acres de terreno urbana intacto en una de las zonas metropolitanas de más rápido crecimiento del continente.

Al principio, los canadienses aplaudieron; 18 meses después, el proyecto corre el riesgo de generar más resentimiento que entusiasmo. Los planes de Sidewalk han disgustado a muchas personas. Entre los críticos se encuentran tecnólogos y promotores inmobiliarios locales, políticos del partido de izquierda NDP y de partidos conservadores, urbanistas, académicos, expertos en privacidad, líderes empresariales y la Asociación Canadiense de Libertades Civiles.

Dan Doctoroff, director ejecutivo de Sidewalk, es el encargado de encabezar la cruzada de Google. El ex director ejecutivo de Bloomberg y teniente de alcalde de la ciudad de Nueva York dice que se ha enfrentado a detractores en el pasado. Vestido con un traje y corbata en una oficina llena de tecnólogos que visten pantalones de mezclilla, habla con la sofisticada confianza de un hombre que pasó ocho años trabajando duro en el ámbito político de la ciudad de Nueva York. Bebiendo agua mineral en una sala de conferencias en la sede de Sidewalk Labs, les resta importancia a las preocupaciones. Su misión, dice, es crear el primer distrito urbano del siglo XXI en el mundo.

"La gente me pregunta, '¿te sorprende el nivel de polémica?' En realidad, no", dice.

"Tuve la experiencia en Nueva York de tratar de realizar grandes proyectos y cada uno de ellos fue una batalla. El mayor desafío es que lo que intentamos hacer es muy diferente a lo que la gente conoce. Y articular cómo puede ser el futuro es algo muy difícil de hacer".

Sidewalk aún no ha enviado su plan final para la aprobación del gobierno. Mientras tanto, la ofensiva de seducción de la compañía incluye exhibiciones públicas y un campamento de verano gratuito para niños "interesados en cómo funcionan y crecen las ciudades". Después de meses de consultas, durante las cuales la compañía ha hablado con 18,000 personas, según Doctoroff, está en una carrera contra reloj para terminar su plan empresarial en las próximas semanas.

Los planes completos incluyen 17,000 unidades de vivienda, muchas de ellas en edificios de apartamentos de hasta 20 pisos de altura. Hasta 40 por ciento se destinaría a familias de ingresos medios y bajos. Sidewalk promete que se crearán cerca de 4,000 empleos en la primera fase. Después está esa "gabardina" para controlar el clima de forma artificial.

Los críticos dicen que las compañías tecnológicas no deben ejercer semejante influencia, y que los gobiernos locales no deben ceder la responsabilidad de los servicios públicos al sector privado.

"Están entrando a la fuerza en las ciudades y tratando de ejercer el poder mediante políticas que deberían ser definidas por el gobierno", dice Bianca Wylie, cofundadora de Tech Reset Canada, un grupo de defensa de la tecnología. Esta nativa de Toronto, de 39 años de edad, se ha convertido en una de las voces principales de la resistencia contra Sidewalk, y en una presencia constante en las asambleas públicas. "Eso es el problema. Soy una tecnóloga. No se trata de estar en contra de la tecnología".

Pero desde el escándalo de Cambridge Analytica con Facebook en 2018, la gente se ha dado cuenta de los riesgos de darles datos a las grandes compañías tecnológicas, dice Jim Balsillie, ex director ejecutivo de Research In Motion, la compañía canadiense fabricante del teléfono BlackBerry, quien ha sido un crítico franco de Sidewalk.

"Las compañías quieren maximizar las ganancias. ¿Qué quieren los ciudadanos? Una comunidad para vivir. Si dejas que las compañías se descontrolen, se van a descontrolar".

Para ayudar a defender su caso, en 2018 Sidewalk contrató a Ann Cavoukian, una experta en privacidad a quien se le atribuye el establecimiento de un estándar global para la protección de datos. Pero ella ha abandonado el proyecto.

La ex comisionada de privacidad de Ontario dice que Sidewalk comenzó con ideales nobles. Pero con las ciudades inteligentes "la gente no tiene la oportunidad de dar su consentimiento", dice ella. "La tecnología está presente 24/7. No te puedes escapar".

"Los datos personalizados son un tesoro", dice Cavoukian. "Todos quieren esos datos". Sidewalk inicialmente estaba de acuerdo con sus demandas, dice ella, de que la compañía "despersonalizara" — u opacara — las identidades presentes en los datos, para que no pudieran rastrearse los individuos a quienes pertenecían.

Pero en octubre, la compañía reveló planes para crear un "fideicomiso cívico de datos" independiente que controlaría la recopilación y distribución de los datos, cediendo efectivamente el control. Cualquier compañía — incluyendo Sidewalk — podría solicitar acceso a la información. "Fue entonces cuando supe que no podía hacer esto", dice Cavoukian.

Doctoroff dice que "el enfoque completo de la privacidad de Sidewalk ha evolucionado".

"Sabíamos que iba a ser un asunto polémico. Subestimamos la polémica, en parte porque el enfoque en las compañías tecnológicas y los datos y la privacidad ha aumentado dramáticamente en el último año".

Con cientos de proyectos piloto de ciudades inteligentes en marcha en todo el mundo, "esto es una advertencia", dice Balsillie. "Los datos se difunden de forma fluida. Estas estrategias de datos no sólo están contenidas en este terreno. Es como si alguien colocara un virus en tu patio trasero".

Críticos como Julie DiLorenzo, una destacada promotora inmobiliaria de Toronto, dicen que Sidewalk sólo ha revelado representaciones ficticias, y parece incapaz de responder a preguntas concretas, como la forma en que se financiará el proyecto y si la gente podrá optar por no participar en la recopilación de datos.

"Vinieron aquí e hicieron todas estas suposiciones sobre lo que quieren los habitantes de Toronto", dice un desarrollador local. "La idea de la gabardina es estar bajo techo todo el tiempo. Queremos estar afuera; el frío es parte de la cultura de nuestra ciudad".

En este punto, dice Cavoukian, "es una interrogante real" si alguna vez ocurrirá la "Googlificación".

Pero a pesar de la reacción en contra del proyecto, parece que los canadienses aún no quieren despedirse de Google. Una encuesta realizada en febrero por la junta comercial de Toronto mostró que el 55 por ciento de los habitantes de Toronto todavía apoyan el proyecto y el 76 por ciento considera que debería continuar siempre que se protejan los intereses públicos. Dice Jan De Silva, director ejecutivo de la junta comercial de Toronto: "Nos alegra que Sidewalk Labs esté aquí, pero nuestro apoyo no es incondicional".

De vuelta en el litoral, el público invitado recorre el espacio soleado de la exposición, observando las representaciones de exuberantes espacios exteriores y patios sombreados. Jesse Shapins, director de ámbito público y cultura de Sidewalk, señala un mapa en 3D — una herramienta cada vez más utilizada en el proceso de planificación — donde un visitante ha dejado una carita sonriente. "Todavía hay mucho trabajo que hacer por aquí".

Copyright The Financial Times Limited 2019


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